Y ¿qué es un acuerdo? Un acuerdo eres tú (un vistazo a la conciliación del año 2015)


Se me escapó de las manos minuto y medio antes de dar comienzo al acto, así que me deshice de la toga, apague la cámara, mejor dicho, salí de la aplicación y apague el ordenador y con cara de no saber lo que había pasado, que no lo sabía, pregunté a los abogados el motivo de suspender la conciliación: habían llegado a un acuerdo. 

¿Un acuerdo? ¿Un acto de conciliación que termina con un acuerdo? Ni que decir tiene que el espejismo duró lo que tardó el agente del Decanato en traer el reparto del día y, colocarme en la situación previa al acuerdo de minutos antes y, posterior a la entrada en vigor de la Ley 15/15 de Jurisdicción voluntaria. La verdad es que desde la Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881 hubo un par de ratos e incluso de tardes, para pensar y repensar lo que podríamos haber hecho con la conciliación, -aparte de repetir, claro está, lo de potenciar los medios de solución intra, para y extrajudiciales-, pero por lo visto las agendas estaban tan ocupadas que nos quedamos con la “finalidad de evitar un pleito con un acuerdo” y, “¿qué es un acuerdo?” y tú lo preguntas: un acuerdo eres tú. 

Y con ese instrumental de tiritas y alcohol de 96 para una operación a corazón abierto, hemos logrado, después de casi dos años de esmerada aplicación, convertir a los órganos judiciales en un servicio de burofax gratuito, aunque eso sí, para evitar un pleito y, ¿el acuerdo?, el acuerdo y tú lo preguntas: el acuerdo eres tú. Lo que sin solución de continuidad debería llevarnos a pensar muy seriamente en la posibilidad, que no deshecho, de estudiar el asunto desde la perspectiva de la competencia desleal o, mejor desde la tecnológica y ya que están -que no estamos-, dispuestos a servir de mensajería instantánea “para evitar pleitos” quizá sería lógico una dotación informática con códigos de barras, tabletas y todos esos cacharros que emplean las empresas del ramo además de gorras, chalecos y uniformes varios. 

Así que llegados a este punto y por si algún lector anda perdido: 

-No es una conciliación la petición de notificar unas cuantas facturas para desgravar el IVA. 

-Tampoco lo es la comunicación de un siniestro a ninguna aseguradora y menos aún, la de informes médicos al que se acompaña, como quien no quiere la cosa, un requerimiento por el total de no se sabe bien qué. Dejaré para peor ocasión el asunto de la inexistencia del acto de conciliación en el Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor y a que la conciliación no es un requerimiento extrajudicial. 

-¿Dónde han visto una conciliación en el hecho de contestar a una comunicación de una empresa o, de un organismo público a una previa reclamación del conciliante?, ¿para evitar un pleito? Sí ya le han dicho que nones y que les demandes. 

-Los asuntos de familia tienen mal acomodo en este expediente y no solo por la indisponibilidad del estado civil, sino por la necesidad de prueba y, a ver si vamos a necesitar un Juez para que nos rectifique el quincuagésimo punto del acta de la junta del mes de mayo y para una división de cosa común nos basta con un requerimiento y un “acuerdo para evitar el pleito”. 

-Los productos financieros darían juego en la celebración del art.145 Ley 15/15, pero mira por donde ni hay propuesta de acuerdo, ni ganas de alcanzarlo, salvo que se pague todo lo que se requiere y ya saben, por eso de hagamos difícil lo fácil e imposible lo difícil. 

¿Y que nos quedaría entonces para evitar un pleito? Nada, salvo la engorrosa querella posterior (por lo criminal, no lo olviden) a un prescindible acto al que no viene nunca el citado o el citador, según se tercie. De hecho y si se fijan, el requerimiento para evitar un pleito es un monitorio de manual y además sin costas, con lo que no se acierta a comprender la necesidad de provocar un señalamiento, una grabación y un decreto cuando puede hacer lo mismo un monitorio de págueme lo que me debe o aguante la ejecución o; cualquier empresa de mensajería. 

El acuerdo implica, por definición, una transacción y esta supone renuncia a alguna de las pretensiones de los afectados y eso está ahora en la ley, otra cosa es que no queramos verlo o que no nos interese hacerlo.

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